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Artesanía Cusqueña

Heredero de dos importantes tradiciones, la andina y la colonial, el arte popular cusqueño es de indudable calidad, sobre todo en manifestaciones como la imaginería, la textilería, la platería y la cerámica.

La imaginería es una actividad que ha dado fama internacional a los artesanos cusqueños. Las vírgenes, santos, niños Manuelitos, ángeles y Cristos que salen de las manos de los artistas populares están por lo general hechos de maguey, madera, tela encolada y yeso, en base a técnicas que se han transmitido de generación en generación durante varios siglos.

San Blas es el barrio que concentra a los imagineros más renombrados, quienes continúan una tradición que se remonta por lo menos al siglo XIX. Artesanos afincados en el barrio, efectivamente, esculpían por encargo muchas de las imágenes que hasta ahora son veneradas en las iglesias de todo el departamento. Además, según cuentan los sambleños de pura cepa, estos artesanos también fabricaban diversos juguetes que se comercializaban en el Santurantikuy, la feria navideña que cada 24 de diciembre se realiza en la plaza de armas de la ciudad. Su especialidad eran, sobre todo, pequeñas imágenes de los santos que desfilan en la tradicional fiesta del Corpus Christi.

En la actualidad, los imagineros más destacados son los Mendívil, Antonio Olave, Santiago Rojas y Edilberto Mérida. Hilario y Georgina Mendívil, ya fallecidos, son los creadores de un peculiar estilo de imágenes estilizadas, de cuellos y, en general figura alargada, que en la actualidad es continuado por varios de sus hijos, como Francisco, Agripina, Juana y Felicia.

Antonio Olave ha alcanzado gran maestría en la fabricación de niños Manuelitos con detalles como su paladar de espejo, dientes de plumas de aves y cabello natural. Santiago Rojas, en cambio, es el mascarero por excelencia, aunque también hace pequeñas figuras costumbristas que retratan a los danzantes de la fiesta de Paucartambo. Edilberto Mérida, por último, se aleja de los imagineros tradicionales, pues prefiere las imágenes grotescas con los rasgos exagerados, aunque sus motivos de inspiración son también, con frecuencia, religiosos, además de costumbristas.

La textilería más original y de mejor calidad está refugiada en el mundo rural, en provincias como las de Calca y Urubamba o en otras aun más apartadas de la capital departamental. Utilizando como materia prima la lana de alpaca u oveja teñida casi siempre con tintes vegetales, las diestras tejedores cusqueñas crean sofisticados diseños en base a los pallares, ornamentos con gran variedad de motivos zoomorfos, fitomorfos y antropomorfos. Los telares se remontan muchas veces a la tradición prehispánica y suelen estar atados a la cintura de la tejedora. Las prendas que usualmente fabrican son las chumpis o fajas, ponchos, chullos, llicllas (chales) y queperinas, esas telas que las mujeres usan para cargar a sus criaturas o diversos productos. Las ferias dominicales de Písac y Chinchero son los lugares más apropiados para comprar tejidos de calidad, aunque también se pueden conseguir en algunas tiendas de la ciudad del Cusco, como la de Josefina Olivares, en la calle Plateros.

Los plateros cusqueños son diestros en la fabricación de joyas, objetos para el culto religioso y diversos objetos utilitarios, producción toda qué se diferencia ventajosamente de la fabricada en serie mediante el vaciado en moldes y el estampado porque está hecha a mano, pieza por pieza, y muchas veces utilizando técnicas que se remontan a la tradición prehispánica, como el repujado y el martillado.

Utilizando moldes bocetados en barro que es mezclado con pelos de alpaca y de cuy, estos artesanos continúan también produciendo objetos de uso muy difundido entre los antiguos peruanos, como los tupus, esos alfileres que tiene una cabeza ricamente ornamentada con motivos zoomorfos y fitomorfos.

El pueblo de San Pablo, en la provincia de Quispicanchis, se especializa desde hace siglos en el trabajo de la plata y el bronce. Con destino a los mercados turísticos, los sampableños fabrican llamitas, idolillos y campanitas de bronce. También producen objetos de plata, como cubiertos, teteras, espuelas y otros. Originario de San Pablo es el más afamado orfebre cusqueño, Gregorio Cachi. Destacados joyeros son, asimismo, los Ormachea, de cuyas manos han salido muchas de las alhajas que lucen las imágenes de las vírgenes cusqueñas en la tradicional procesión del Corpus Christi.

La cerámica cusqueña está sufriendo notorias transformaciones en las últimas décadas, seguramente bajo el influjo de la demanda turística. Las comunidades de Raqchi, en Canchis, y Cuyo Grand y Chico, cerca de Písac, son el asiento de la producción tradicional, especializada en objetos utilitarios, pero también en algunos muy peculiares que tienen demanda entre los turistas, como las salamandras de Raqchi, vasijas en forma de botella coronadas con un adorno de motivos zoomorfos, y las ocarinas de Cuyo Grande y Cuyo Chico

Los Ruiz Caros son los iniciadores de dos líneas que han granjeado fama a la cerámica cusqueña: la de vajilla con decoración al estilo incaico y, sobre todo, la de las chakiras, esas cuentas de collar que se han convertido en el principal producto de exportación de los artesanos locales.

Son numerosos, asimismo, los artistas populares cusqueños dedicados a la cerámica escultórica, produciendo réplicas de iglesias, casonas coloniales y de los rincones típicos de la ciudad, o también imágenes costumbristas.

Entre los ceramistas más innovadores, por último, destaca Pablo Seminario, quien tras largos años de investigación de las técnicas y diseños precolombinos está elaborando, en su taller de Urubamba, objetos con un estilo muy particular que, sin embargo, deja traslucir muy bien sus fuentes de inspiración. Botellones, cuadros y murales en base a placas de cerámica, pantallas para lámparas y otros objetos conforman la línea artística de Seminario, quien tampoco desdeña la cerámica utilitaria, como vajilla y floreros.

Una manifestación artesanal muy singular que conjuga valor artístico con propiedades mágicas es el de las conopas o illas. Éstas son unas figurillas talladas en piedra que por lo general tienen forma de alpaca con un agujero en la espalda o de un corral que en uno de sus lados presenta una alineación de alpacas u ovejas. En el mundo campesino, las conopas son utilizadas en ceremonias para propiciar la fertilidad del ganado. El coleccionista puede encontrarlas entre los vendedores de la calle Hatun Rumiyoc, en las tiendas de antigüedades y en el baratillo sabatino de las cercanías de la avenida del Ejército.

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Aunque el reglamento de Expediciones al Camino Inca, indica que se debe realizar las reservas 5 días antes, lo más recomendable es realizar la reserva con mucha anticipación, el promedio en temporada alta indica que 90 días antes de la salida ya no hay espacio, esto debido a que solo pueden ir 500 personas por día, sólo así se podrá conservar de la erosión y la contaminación de la red vial y del Santuario de Machu Picchu. Por lo que es necesario pagar con anticipación los permisos.

El Qhapaq Ñan también conocido como El Camino Principal Andino, fue la columna vertebral del poder político y económico del Imperio Inca. La red de caminos de más de 23,000 km de largo conectaba varios centros de producción, administrativos y ceremoniales construidos en más de 2,000 años de cultura andina pre-inca.